Moorcock, señor del Caos

Michael Moorcock

Un mundo asolado por la eterna lucha entre las poderosas fuerzas del Caos y el Orden, con el destino final del universo (y más allá) en juego. Un mundo en el que poderosos campeones de unos y otros buscan la victoria final sin que ninguno de los dos bandos consiga imponerse. Seguramente tú, fanático lector de los Crying Grumpies, estés exclamando “¡otro post sobre Warhammer!” Sí… Y no. Porque hoy no hablaremos de las perspectivas económicas de Games Workshop o de sus polémicas políticas empresariales. No, hoy viajamos al origen de este universo de ficción, a su raíz, donde encontramos a una de las figuras más importantes de la fantasía de los últimos cincuenta años: Michael Moorcock.

El británico Michael Moorcock saltó a la fama en  los años 60 del siglo pasado como una de las figuras señeras de la Nueva Ola británica. Harto del maniqueismo y del trasfondo católico de la obra de la obra de Tolkien, ya entonces en lo más alto de su fama, propuso en su ciclo el Campeón Eterno algo totalmente distinto: en lugar de la lucha entre el Bien y el Mal, la pugna cósmica, que atravesaría todo el Multiverso, sería entre el Orden y el Caos, con el Equilibrio como árbitro.  ¡Bienvenida la ambigüedad! De repente, la victoria total es imposible e indeseable, en cualquiera de los dos casos el resultado sería un páramo inmóvil. En el caso del Caos, porque se agotarían todas las posibilidades sin control y en el del Orden, porque sin Caos contra el que luchar, perdería todo el sentido y quedaría inmóvil. Las aventuras de Elric, Corum o Hawkmoon son testimonio de esta lucha.

Así, si bien la influencia de Tolkien y del Dungeons & Dragons más clásico es evidente en cuanto a las razas y el repertorio de monstruos, es el toque de Moorcock el que le da el toque diferenciador al universo Warhammer.

Caos

La influencia del autor británico es especialmente evidente en su concepción religiosa; como ya sabes, perspicaz lector, las fuerzas de Warhammer se dividen en Caos y Orden, cada una de ellas con sus deidades propias. Y si bien en lo que concierne al Orden los creadores de este universo fueron por su lado, la parte del Caos está basada casi al completo en la obra de Moorcock. Comenzando por el emblema del Caos, las ocho flechas que apuntan a todas direcciones desde un punto central, creación de Moorcock, que adorna el escudo de uno de los mayores servidores del Caos, el príncipe Gaynor.  También la representación gráfica del propio Caos, una energía multicolor que muta todo lo que toca. Y, por último, la tendencia del Caos a enfrentarse consigo mismo, que el Warhammer se traduce en las rencillas entre los cuatro dioses principales.

Pero, al final, esa influencia se queda en la superficie. Al final, en Warhammer Caos y Orden no dejan de ser una manera diferente de llamar al Bien y al Mal de toda la vida. En el multiverso del británico, la ambigüedad es la norma: los héroes, servidores del Orden y el Equilibrio, pueden ser brutales y amorales, y criaturas creadas por el Caos pueden servir a sus enemigos (el caso de Elric el melnibonéo,  mismamente).  En cambio, en el universo Warhammer, Orden se asimila a virtud y Caos, a pecado. Finalmente, se me ocurre una diferencia sutil, pero reveladora: Moorcock, cuando habla de los grandes poderes, los llama Señores del Caos, no de dioses. Es más, en algunas novelas (se me ocurre la primera trilogía de Corum) aparecen servidores del Caos que se hacen llamar dioses. ¿Os imagináis que los viejos Khorne, Nurgle, Tzeench y Slaneesh no fueran, al final, más que los subalternos de un poder superior? Una idea sugerente, ¿no?

 

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Un comentario en “Moorcock, señor del Caos

  1. De hecho siempre he pensado que al final el los dioses no son mas que la representación de nuestras iras(khorne), desea (slanesh), necesidd de ser diferente (Tzench), miedo a la muerte e enfermedad(nurgle) que se representan en el inmaterium, de hecho el caos solo es poderoso cuando lo es el imperio que lo une por todo el universo, y que el caos se traicione no es mas que el metodo para sobrevivir, ya que si ganara el universo seria un yermo y durante miles de años el caos no seria nada, mientras que una guerra entrena es muy beneficioso para los poderes de la ruina, y el emperador acabara siendo un dios a medida que la gente crea que es la representación del bien.

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