Firefly: no pueden quitarnos el cielo

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Es muy, muy, muy difícil que una serie me llegue a emocionar. Es casi imposible que eso me ocurra con una serie de ciencia ficción. Porque, en cuanto a ciencia ficción, hay series malas, series que me encantan (Farscape, Almacén 13), series que me flipan (The Expanse)… y luego está Firefly.

Aprovechando que Netflix vuelve a incluir en su oferta tanto la serie entera como su apoteósico final, Serenity, quiero escribir unas pocas líneas acerca de la que aún considero la cumbre nunca superada de la ciencia ficción televisiva.

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Grumpysodio IV: Los últimos Talibanes

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Confieso que siempre me ha parecido un fenómeno extraordinario: los fans de la saga que a cada nueva entrega se sienten “traicionados” o que creen que la última película ha “traicionado el espíritu original” de la saga. Los talibanes de Star Wars. Los que vivirían viendo la trilogía original en bucle, porque todo lo demás les parece anatema. ¿Todo? No. A la inmensa mayoría les encanta el Universo Expandido, que a mí me pareció siempre una soberana gilipollez y un sacacuartos más que evidente. Porque seamos sinceros: lo que los talibanes de Star Wars añoran es… su infancia.

Muerte y Resurrección del Cyberpunk, Cap. 11: tres reflexiones

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En su día hicimos un extenso repaso a lo mejor y peor del género cyberpunk, tanto en su génesis literaria como en su adaptación a la gran pantalla. Observamos cómo tras poco más de una década de vida comenzaba su primer declive, coincidente con el lanzamiento mundial de Windows 95 y cómo la película The Matrix marcaba el punto de inflexión (y el canto del cisne) del género al hacerlo pasar del ghetto hacker al mainstream. Por último, observamos cómo, en lugar de desaparecer, cambiaba de apariencia y se adaptaba a los nuevos tiempos, tiempos que él mismo había vaticinado.

Simpatía por el Diablo

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Ni John Dillinger fue el tipo carismático y glamuroso de las múltiples películas basadas en su vida, ni Robin Hood fue el elegante ladrón y experto con arco que hacía suspirar a las damas inglesas por los bosques de Sherwood. En realidad, por lo que sabemos de ambos personajes, fueron tipos bastante desagradables: rudos, violentos y peligrosos. Sin embargo, como en muchos más casos similares (Bonnie y Clyde, Jesse James) la tendencia a mitificarlos y endulzar la leyenda ha sido más poderosa que la realidad, a menudo indeseable. ¿Por qué? ¿Qué hay dentro de nosotros que nos lleva a sentir simpatía por el Diablo?

RECUPERANDO CLÁSICOS: OJALÁ ESTUVIERAS AQUÍ

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¡Estoy tan aburrida! La vida de la joven Lynda en un pequeño pueblo de la costa sur de Inglaterra, a finales de los años 50, es asfixiante. La rigidez de las normas sociales, la hipocresía y represión sexual y la falta de un futuro mínimamente emocionante están pasando factura. Además, llueve sobre mojado: tras la muerte de su madre, cuando Lynda tenía 11 años, ella no ha vuelto a ser la misma. En realidad, va cuesta abajo.

Un futuro perfecto

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Hubo una época en que mirábamos hacia el futuro con ilusión. En que la ciencia ficción no planteaba distopías, futuros espeluznantes, preguntas filosóficas existenciales. Una época feliz en la que la fe en el progreso nos henchía de orgullo ante nuestro ingenio y de optimismo para, de un modo u otro, lograr un futuro próspero y feliz.

Más que nada, porque el día a día se presentaba oscuro, muy oscuro.

SOSPECHOSOS POCO HABITUALES

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– Hola, ¿tienes un momento para nosotros?
Uno espera escuchar esta frase de boca de Testigos de Jehová, encuestadores de Oxfam o de Avón-llama-a-tu-puerta, pero nunca de una pareja de Mossos d’Esquadra con su chaleco antibalas, su placa y su pistola reglamentaria. Quizás por eso (especialmente, por la pistola) asiento con la cabeza.