Blood: hemoglobina, cultistas y píxeles orgullosos

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El año 1996 fue clave en el mundo del videojuego.  Los primeros shooters en 3D ( o mejor dicho, en 2,5D) entonaban su canto de cisne con el Duke Nukem 3D y sus sprites en dos dimensiones mientras que los padres de Doom, John Carmack y John Romero daban el salto al mundo poligonal de la mano de Quake, iniciando una revolución gráfica que desterró al píxel de su posición de dominio. Apenas un año después quien más quien menos seguía el camino abierto por id Software y ya nada volvería a ser lo mismo. Sin embargo, en 1997 Monolith Studios le sacaba todo el jugo posible al Build Engine de 3D Studios para parir uno de los juegos más cafres, gamberros y llenos de hemoglobina del género de los shooters en primera persona: Blood.

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