Blood: hemoglobina, cultistas y píxeles orgullosos

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El año 1996 fue clave en el mundo del videojuego.  Los primeros shooters en 3D ( o mejor dicho, en 2,5D) entonaban su canto de cisne con el Duke Nukem 3D y sus sprites en dos dimensiones mientras que los padres de Doom, John Carmack y John Romero daban el salto al mundo poligonal de la mano de Quake, iniciando una revolución gráfica que desterró al píxel de su posición de dominio. Apenas un año después quien más quien menos seguía el camino abierto por id Software y ya nada volvería a ser lo mismo. Sin embargo, en 1997 Monolith Studios le sacaba todo el jugo posible al Build Engine de 3D Studios para parir uno de los juegos más cafres, gamberros y llenos de hemoglobina del género de los shooters en primera persona: Blood.


El argumento, como suele ser habitual en estos casos, es de lo más simple: el demonio Tchernoborg (sí, el mismo de Fantasía), líder del culto del Cabal traiciona y castiga a sus Elegidos por un pecado sin especificar. Uno de ellos, Caleb se levanta de la tumba en busca de venganza. Y ya está. A partir de aquí, cuatro episodios divididos en ocho o nueve episodios distintos ambientados en todo tipo de ambientes. Pero en todos ellos, un denominador común: la sangre.

Y es que el juego hace honor a su nombre, fuentes de sangre, cabezas que saltan volando, enemigos que estallan en llamas entre gritos de dolor o explotan en pedazos. Para ello Caleb dispone de todo tipo de armas, desde una simple horca oxidada a un lanzador de napalm pasando por la pistola de bengalas o los siempre útiles encendedor y spray y armas más habituales, como la escopeta, la Tommy Gun o la dinamita. También se encontrará con otros ítems, como las botas, que le hacen saltar más alto, o el maletín del doctor, que le permitirás recuperar instantáneamente vida. En lo relativo a los enemigos, tampoco es que haya una gran variedad: zombies armados con hachas hambrientos de cerebros, cultistas, gárgolas demoníacas o espectros aullantes. Todos ellos caracterizados por una AI tirando a nula, del tipo no inmutarse cuando se les tira a los pies un cartucho de dinamita a punto de explotar.

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Pero la gracia de Blood no está sólo en ver como revientan los enemigos mientras sembramos el suelo de casquillos. Las interactuaciones de Caleb con determinados elementos de los escenarios o sus reacciones a muertes especialmente violentas llenan el juego de un necesario humor negro negrísimo. Blood también está lleno de citas, huevos de pascua y referencias, sobre todo al cine de terror, pero no sólo: Phantasma, H.P. Lovecraft, El carnaval de las tinieblas, Duke Nukem 3D, Pesadilla en Elm Street, The Haunting, Seven… Son referidos en frases pronunciadas por Caleb o mediante localizaciones secretas. O si no, inspirando fases enteras, como es el caso de El amanecer de los muertos, Viernes 13 o El Resplandor.

Visualmente, el juego aparece a día de hoy pasadísimo de moda. Las limitaciones del Build Engine y sus 2,5D ya eran evidentes en su momento, imaginémosnos ahora. El uso de sprites provoca que, a veces veamos la misma perspectiva de ciertos elementos, por ejemplo, los cadáveres, cabezas y restos de los enemigos. Así mismo, paredes, pasillos y muros resultan cuadriculados, ya que el motor no permitía líneas curvas. Pero una vez metidos en el juego, poco importa. Los diseñadores y programadores le echaron imaginación al asunto y dieron forma a todo tipo de escenarios, siempre con una ambientación tétrica y decadente: funerarias, trenes en marcha, templos, catacumbas, laboratorios, hospitales, montes árticos…

El juego fue bien recibido en su tiempo, y dio para dos expansiones y, dos años después, para una secuela en fastuoso 3D poligonal ambientado en un futuro cercano, con menos referencias de la cultura popular pero el mismo gusto por la hemoglobina a chorros. A día de hoy, casi veinte después de su publicación, continúa resultando un juego de lo más divertido y, sobre todo en estos tiempos de curaciones automáticas, todo un reto en niveles de dificultad altos, en los que los enemigos aparecen en manada. Un juego recomendable, fácil de conseguir y fácil de ejecutar mediante emuladores como DosBox. En estos tiempos de juegos trascendentes, a veces también apetece un buen rato de tiros y gamberradas, ¿no?

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5 comentarios en “Blood: hemoglobina, cultistas y píxeles orgullosos

    • Muchas gracias, me alegra que te haya gustado. El juego, con todas las expansiones está en steam, así como en esos servicios de intercambio de archivos que nosotros no usamos nunca.

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