May the Fourth: cuando teníamos la magia

 

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Así comenzaba todo: con la pantalla en negro y un “tachánnnn” de orquesta…

Supongo que mi primer recuerdo de Star Wars se encuadra en 1978, cuando yo contaba con cinco años de edad. Mis padres estaban entusiasmados porque iban a ver la película, y me dijeron que «no sabemos si es para niños, si lo es, te llevamos a verla». Una gran manera, supongo, de asegurarse de verla al menos una vez, completa y sin los problemas habituales que plantean los niños, antes de llevarnos, a mí y a mi hermana.

 

 

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Darth Vader, el mal encarnado… a esas alturas estábamos ya rendidos a Lucas.

No era necesario: si algo recuerdo es haberme estado en la butaca con la boca abierta durante las dos horas, absolutamente arrebatado por las naves espaciales, los robots y las espadas de luz. No creo que moviera un músculo durante toda la proyección, y de haber sido necesario, estoy seguro que me hubiera orinado encima antes de levantarme de la butaca.

 

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Quiero decir unas cuantas cosas. La mayoría de los lectores de este blog no tenéis mis cuarenta y un añazos, y no os imagináis cómo eran las cosas antes. Hoy en día es normal poner la tele y encontrar en alguno de sus casi 60 canales alguna película con efectos especiales más o menos alucinantes. Pero antes no era así. Antes de Star Wars, tan sólo 2001: Odisea del espacio había sido capaz de sacarte literalmente de este planeta, y como no era una película para niños, en mi caso ni contaba.

 

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El “verdadero”póster de la película: ni doscientas caras ni ordenador ni difuminados… sólo acción y glamur.

Todo esto, además, era antes de que a Lucas se le fuera la castaña y comenzara a licenciar novelas por aquí, cómics por allá y hasta vergonzantes dibujos animados de ewoks. No había «universo expandido»; los monstruos de la taberna de Tatooine no tenían nombre (Hammerhead era Hammerhead, un bicho raro bebiendo, y no un espía de los rebeldes con un nombre raro) y no sabíamos, ni necesidad que teníamos, que la Fuerza se midiera (¿o estuviera compuesta? Nunca lo he entendido) por midiclorianos, sean éstos lo que mierda sean.

 

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Las motojets fueron la pesadilla de los vecinos de Sagrada Familia: teníamos bicis, ganas de aventura y nada de miedo.

Los muñequitos eran los básicos: Luke, Leia, Han, Chewbacca, Ben Kenobi, Vader y los dos robots. Y de naves, había más bien poquitas. Cuando nuestros padres nos dijeron que abandonábamos Buenos Aires y nos veníamos a vivir a Barcelona, añadieron que sólo podíamos llevar una mochila con juguetes. Mi elección estaba clara desde el principio: los muñequitos y una X-Wing, que aún conservo, baqueteada y y medio desmontada. Años después llegarían mis dos joyas, la Slave-1 de Boba Fett (con la que llegué a tener sueños que aún recuerdo) y el maravilloso Halcón Milenario que llenó mi habitación y mi infancia.

 

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De algún modo, la “Slave 1” estuvo pegada a mis manos durante meses enteros. Aquí, con 11 o 12 años, en una felicitación navideña.

Tampoco sabíamos, los niños de aquella época, cuando salieron los títulos de crédito, que habría una segunda película: la Estrella de la Muerte había explotado, el malo había perdido, Chewbacca aullaba y todos reían. Fin del asunto. No nos habíamos fijado en ese extraño letrero («Episodio IV: una nueva esperanza») y de haberlo hecho hubiéramos tenido interminables discusiones en el patio de recreo. Como cuando nos preguntábamos cómo era posible una «princesa» en una República: pues porque a las niñas les gustan las princesas, so listo. Princesas que empuñen un bláster.

 

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El despertar a la sexualidad de toda una generación. Un día escribiré un post sobre esto. Pero desde aquí una petición: chicas, comprendednos… el traje está a la venta…

Con todo esto quiero decir una sola cosa: A Star Wars la mató su exceso de información, o, si lo preferís, la avaricia de tío George. Con ella pasó lo mismo que con las religiones y la magia: cuanto más sabes, más retroceden. Pues lo mismo: cuando teníamos pocas referencias, pocos datos, ningún «universo expandido» ni nada que se le pareciera, teníamos la magia. Conforme empezaron a llegar noticias, datos, «cómo-se-hizo» y demás, empezó a perder su encanto. Y cuando se desató la moda de las películas y series espaciales («Starfighter», «Galactica», etc.) nos acostumbramos a lo maravilloso.

 

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Su verdadero nombre es Hammerhead, lo demás son chorradas de universos que ni están ni nos importan.

Dicen que los surfistas estamos enganchados a las olas porque en cada una queremos revivir las sensaciones de la primera que pillamos. También debe ser esa la razón por la que algunos acudimos al cine con cada nueva barrabasada de Lucas y mientras suenan los tambores de 20th Century Fox aguantamos la respiración y deseamos volver a tener cinco años durante dos horas. Aunque desde 1985 no haya manera.

 

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Dedicado a mi princesa, piloto y compañera de aventuras espaciales durante años: mi hermana Silvia.

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7 comentarios en “May the Fourth: cuando teníamos la magia

  1. Cuando la primera vez vi el anuncio de Star Wars en la tv (en blanco y negro) me dije, esta pelicula tengo que ir a verla. Pero no lo hice. Yo era más mayor, tenia diez años, y sin lugar a dudas me convertí en un fan sin ver la pelicula (un tío mio le contó a mi padre que se durmió durante la proyección, diciéndole que era una pelicula aburrida, así que mi padre, un cinefilo de los buenos, en aquel momento no me llevo a verla). Tenia todo, sus cromos, las figuras troqueladas de los Phoskitos y no se cuantas cosas más. También me perdí el estreno de El Imperio Contraataca, pero cuando se estreno El Retorno del Jedi, en 1984, era ya lo bastante mayor para ir a verla solo, aunque me lleve a mi hermano, cinco años menor que yo. Salimos alucinando de la sala.
    Años más tarde, cuando estaban de moda los Vídeos Comunitarios, mi padre vio la pelicula y le encanto. En esa época estaba haciendo el servicio militar, y cuando vine de vacaciones, me encontré a mi padre que había comparado un VHS y alquilado la pelicula. Fue la primera vez que la vi y con veinte años alucine al verla.
    En cuanto salio a al venta en vídeo compre la trilogía.
    Años más tarde fui al reestreno de las tres peliculas y he de decir que la disfrute en un cine con unos amigos, como un niño de cinco años, de hecho ninguno habíamos visto la pelicula en cine, ya que ellos eran menores que yo unos años.
    La saga Stars War original es imprescindible para quien le guste la ciencia ficción como a mi.

    • Yo creo que la trilogía original tiene un extra añadido, algo que está a medio camino entre ritual de paso generacional y esos momentos históricos (“recuerdo que el 11-S estaba en Port Aventura…”)

      En cualquier caso, siempre, siempre, siempre que alguien habla de su relación con esas tres películas se puede sentir la pasión.

  2. Pingback: El día más Grumpy (28 Abril – 04 Mayo 2014) | Crying Grumpies

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