
El sol pegaba con justicia sobre mis hombreras doradas, quemando el numero 11 pintado, y el hedor que procedía del banquillo de enfrente, no ayudaba a que mis nervios se calmaran en mi estomago.
Conseguirás mas gloria que en el ejercito, dijeron mis compañeros de escuadrón, no me lo creí.
El olor de sudor mezclado con el miedo, se filtraba entre los tablones de la puerta dejándose ver como vapor a contraluz. Entonces la puerta se abrió, y yo y mis 10 compañeros saltamos al campo.
Solo cuando mi capitán, se cerro la visera de acero del casco sobre sus ojos y señalo a los orcos que cargaban hacia nosotros, entendí, con el sonido ensordecedor de los hinchas vitoreando el nombre de nuestro equipo, que la autentica gloria, no se gana en los campos de batalla, si no en los partidos de Blood Bowl.




