El Golem: alma de barro

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El golem de Sleepy Hollow (2013), especialmente violento y rencoroso
 

Entre los mitos más importantes de la literatura fantástica y la ciencia ficción se encuentra el mito judío del Golem. Sus raíces se remontan a la Edad Media, posiblemente incluso antes, y es en la ciudad de Praga donde toma por fin forma y vida, que son las dos cualidades básicas del Golem.

«Sediento de saber lo que Dios sabe,
Judá León se dio a permutaciones
De letras y a complejas variaciones
Y al fin pronunció el Nombre que es la Clave,

La Puerta, el Eco, el Huésped y el Palacio,
Sobre un muñeco que con torpes manos
Labró, para enseñarle los arcanos
De las Letras, del Tiempo y del Espacio.»

J. L. Borges, El Golem.

golem medieval

 

Según la leyenda más extendida, fue el ilustre rabino Judah Loew (Judá León en su versión española) el que, en el siglo XVI, habría creado al Golem para proteger su sinagoga de ataques antisemitas y, de paso, ayudarle con el mantenimiento de la misma. Esta parte de la leyenda se intuye un bulo: no hay acto más importante, más trascendente, que el de crear vida, y no cabe duda de que el rabino, si creó al Golem, no fue para tener un guardaespaldas ni un obrero: lo hizo porque otorgar vida al barro inanimado es un acto de creación divina. Un pecado de soberbia.

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El Golem, una fuente de inspiración para todo tipo de géneros y medios

El Golem (palabra que en hebreo significa «materia prima» o «materia bruta») es un ser viviente hecho de barro y, por tanto, una réplica (imperfecta) de Adán. No es difícil adivinar en esta trágica figura, pues, el molde para historias tan famosas como Frankenstein, de Mary W. Shelley, («el engendro, el monstruo miserable que había creado») o el origen de los mismísimos robots, vidas artificiales destinadas a la servidumbre, concepto que, no por casualidad, nace en las mismas coordenadas (Checoslovaquia) que el mito original del hombre de barro.

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«¿Quién puede concebir los horrores de mi encubierta tarea, hurgando en la húmeda oscuridad de las tumbas o atormentando a algún animal vivo para intentar animar el barro inerte?»
Mary W. Shelley, Frankenstein

En la leyenda, el Golem está dotado de vida artificial, pero escasa o nula inteligencia y, en cambio, una fuerza descomunal. El rabino lo activa escribiendo en su frente la palabra Emet («verdad», en hebreo) y lo desactiva borrando la primera letra y dejando la palabra Met («muerte»). Para darle instrucciones, se le introducen escritas en la boca, y el Golem las realiza al pie de la letra. Hay cierto paralelismo, pues, con aquellos primeros ordenadores cuyas instrucciones se cargaban en tarjetas o rollos de papel perforados…

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La particular versión de Curse of the Golem (1967). En aquella época daba miedo.
 

Así lo vio también el realizador de cine Darren Aronofsky, en cuya obra maestra Pi (1998) se intuye la alargada sombra del Golem. En ella, un enfebrecido matemático (Max Cohen, es decir, «sumo sacerdote» en hebreo) acaba infundiendo vida brevemente a Euclides, un chip de silicio (es decir, barro) y paga el precio de jugar a ser Dios a partir de sus «permutaciones de letras y complejas variaciones» alfanuméricas.

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«Estudiar el patrón proporcionó a Euclides conciencia de sí mismo. Tuvo que ser eso… Antes de morir escupió el número. ¿Esa conciencia es el número?»
Maximilian Cohen, Pi (1998)

Y es que el Golem es un mito agradecido para el género, puesto que enlaza religión, matemática, mística hebrea, ciencia ficción y lecciones morales en una misma historia. El Golem (Paul Wegener, 1920) es posiblemente la mejor adaptación a la gran pantalla del mito original. La película, fiel al expresionismo de la época, adelanta temas que arderán al rojo vivo en los siguientes años en Europa: el antisemitismo, el auge del Tercer Reich, la deshumanización de Europa…

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La mítica criatura en su encarnación expresionista
 
No resulta muy aventurado ver en el Golem la raíz (disculpen el juego de palabras) de un personaje como La Cosa del Pantano, y cabe citar que en la serie Strange Tales, de Marvel Comics, aparecen varias historias protagonizadas por gólems. También Terry Pratchett aprovecha el mito para su Mundodisco en Pies de barro (1996) con su característico tono jocoso, y, de paso, de reivindicación obrera. Otras de las muchísimas apariciones del mito se han dado en las series Supernatural y Sleepy Hollow (con un Golem especialmente violento y vengativo).

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«Me siento tan culpable… He herido y mutilado a treinta y siete personas y le he dicho a una teleoperadora que estaba ocupado cuando no lo estaba. No soy buena persona…»
El Golem, Los Simpson (2006)

Sin embargo, si he de escoger una aparición del golem en la cultura popular, me quedo con la de La casa-árbol del terror XVII, de Los Simpson (2006), en que un Golem creado por el padre de Krusty sufre los abusos de Bart y Homer… hasta que conoce a una golem femenina creada por Marge.

De la leyenda del golem surgen, como hemos visto, muchas de las historias con que escritores, guionistas y directores nos han hecho soñar. Dentro de poco, Darth Grumpy os hablará de las resonancias entre el Golem y los demás elementales, figuras que podéis emplear en vuestros juegos de estrategia y muchas más cosas. ¡Seguid atentos!

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Un comentario en “El Golem: alma de barro

  1. Pingback: Del Golem a los Elementales en los Wargames y sus miniaturas | Crying Grumpies

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