Contra el impuesto a la nostalgia

El viernes pasado salió a la venta la NES Classic Mini. Hace meses que está agotada en preventa y en Japón ha conseguido batir en facturación, durante su primer fin de semana, a las tres versiones de XBOX juntas. ¿A qué viene tanto revuelo con esta consola? Pues es muy sencillos amigos, Nintendo ha vuelto a colárnosla con el impuesto sobre la nostalgia. Y ellos no son los únicos que utilizan esta táctica de marketing, en los últimos tiempos excesivamente de moda. Por ello hoy digo basta.


Yo no puedo haceros una radiografía sobre nuestra generación como la que realizó Surfer Grumpy recientemente, primero porque no escribo tan bien como él, y segundo porque no es el objetivo de este post. Eso sí, para entender el impuesto sobre la nostalgia debemos entendernos un poco a nosotros mismos como consumidores, y creo que el escritor Sergi Pàmies acertó cuando contestó, en clave de humor, al ser preguntado sobre el reboot del Coche Fantástico (2008): “Aquí hay unas generaciones que no hemos vivido ninguna guerra y nos faltan recuerdos con consistencia, por ello nuestra nostalgia se basa en mitificar series y películas y creer que eran mucho mejores de lo que fueron”.

Y no me malinterpretéis, no estoy diciendo que la NES fuese mala. Estoy diciendo que es un producto de los 80, y que ningún niño de hoy en día compraría. Pero su padre sí. Porque mientras ese niño espera poder echar el guante a un Mario de WiiU, 3DS o la nueva Switch, con graficos y musica infinitamente mejores, el padre piensa: “quiero que mi hijo sea tan feliz como yo lo fui con una NES”. Vaya, con una NES y con todas las versiones de sus juegos, que ya compró para las consolas virtuales de Wii y WiiU, así como la edición 25 aniversario,… ¡Suma y sigue! Y paga 25 veces por lo mismo, con la excusa de su hijo, quién sigue esperando poder jugar la nueva versión de algún Mario.

No digo que todos los productos derivados de la nostalgia sean malos. No me malinterpretéis. Recientemente se presentó el nuevo Sonic Mania, con un aspecto similar al erizo original y con pinta de ser un bombazo. Algunos indies (tema a parte, que ya trataré en un futuro próximo), con aspecto 8 bit son divertidísimos, como Hotline Miami, Papers, Please o Scott Pilgrim. Hay grandes series, como Stranger Things, que absorben lo mejor de la época y nos evocan sensaciones similares a las que teníamos de niños, pero con un producto nuevo, fresco y de calidad. Otra cosa son historias como los remakes de MacGyver o Arma Letal, productos que, independientemente de su calidad, esperan atraer al público tan sólo con su nombre. Y eso que MacGyver ya era una serie regulera en los 80, no jodamos.

Además, el logro de las multinacionales que nos gravan con su impuesto sobre la nostalgia, es conseguir que cada vez las cosas duren menos y las consumamos más rápido como producto vintage. En Wallapop ya se consideran consolas como PlayStation 2 o GameCube como retros. En Disney están inmersos en el proceso de llevar a imagen real todas sus grandes películas de animación, escena por escena. Las siguientes: La Bella y la Bestia (1991) y Aladdin (1992). Aunque el colmo en esto del cine se lo lleva el próximo remake de Memento (2000), que se estrenará en años venideros.

En conclusión, el impuesto sobre la nostalgia no pasa por vendernos un producto nuevo, fresco y novedoso con elementos antiguos, como la DS, que se hizo a imagen y semejanza de las viejas Game & Watch. Hay muchos productos que referencian lo mejor de cosas antiguas. El impuesto sobre la nostalgia, en cambio, pasa por vendernos una y otra vez el mismo producto, como ese The Legend of Zelda, que tienes en todas tus consolas y emuladores; ese Nevermind de Nirvana, que tienes en CD y te lo has vuelto a comprar porque ha salido la versión 25 aniversario sin ningún extra; O Esa entrada de cine que aún guardas, de El Equipo A, para recordar el cabreo monumental que te produjo ir a ver una película a la que podían haber llamado “Resacón en la cárcel” y no hubiese pasado nada.

Y pueden hacer trampas y decirnos que nos ofrecen una mejor emulación, una escena inédita de un concierto en la que Kurt Cobain pegaba un moco bajo la batería de Dave Grohl o una visión totalmente nueva de tus personajes favoritos, pero lo que realmente se están callando es que con una raspberry pi, por el mismo precio, tienes una Mini NES, una Mini SuperNes, una Mini GameBoy, y una mini todo, que la escena del concierto de Nirvana no la sacaban porque no le había interesado ni a Courtney Love y que donde dicen “tus personajes favoritos” quieren decir que tienen el mismo nombre pero poco más.

Así que por favor, la próxima vez que os quieran aplicar el impuesto sobre la nostalgia, decid NO. Por el bien de todos.

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2 comentarios en “Contra el impuesto a la nostalgia

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