
Improvisada galería cosplay del Salón del Cómic de Barcelona 2014



Sus frases más brillantes han hecho inolvidables películas como Apocalypse Now, Conan el bárbaro o Harry el Sucio. Sin embargo, mucha gente ignora quién fue su autor. John Milius es uno de los tipos más genuinos, auténticos, antisociales y extraños del Séptimo Arte.

Hace unos días os hablé de mi predilección por los juegos escaramuzas, de pocas minis y poco tiempo de juego, frente a las mesas abarrotadas de kekos de los wargames de batallas masivas. Por regla general los juegos de escaramuzas se juegan en entornos mucho más pequeños y poblados de escenografía; edificios y pasarelas son el pan y la mantequilla de estos juegos y no son piezas sencillas de hacer. La solución nos la han dado diversas compañías que a lo largo de los últimos años han sacado algunos productos de gran calidad para los que como yo son unos ineptos en las manualidades.
Habiendo pasado unos meses desde su salida en el mercado español, y habiéndole dedicado ya unas buenas 25 horas (no me lo he terminado aún), toca hablar de este juego de Square-Enix para la consola portátil de Nintendo, la 3DS.


Aunque un amigo que no nombraré, mientras cenábamos una noche me comentó «si alguna vez me hago un ejercito de Bolt Action pienso pintarlo de color rosa», a la gran mayoría de jugadores nos gusta que las miniaturas tengan una representación lo más cercana posible a la realidad de los uniformes históricos que representan. De esta forma y ya que en unos días los Grumpies celebraremos junto a Infernal Forge nuestro primer torneo de Bolt Action, es un buen momento para empezar unas pequeñas guías que puedan ayudar a elegir y pintar los esquemas de color que vamos a representar. Así que como el ejercito con el que suelo jugar es el americano, esta primera guía la dedicaremos a la infantería de los EEUU.
El cómic de superhéroes, como cualquier ficción de corte fantástico, nos pide a sus lectores que, por un momento, creamos que un hombre puede volar, que un playboy vestido de murciélago puede atemorizar a los delincuentes o que un nerd de Queens adquiere poderes al ser picado por una araña radioactiva. Es lo que se conoce como suspensión de la credibilidad. Pero todo tiene un límite, queridos grumpies. No todo vale en el género, si bien no siempre en el sentido que podríamos pensar. Porque puede colar que un tipo pase congelado desde el final de la Segunda Guerra Mundial hasta el siglo XXI, pero no que tenga como tarea pendiente ver la cinematografía de Louis de Funes. Pues esto es precisamente lo que nos han querido hacer creer con El Capitán América: El Soldado de Invierno.

El dolor que sentía al rajarse los brazos con el puñal, se transformaba en placer a medida que la sangre se derramaba lentamente en el interior del cáliz.
El equipo al completo donó su sangre a la elfa Bruja y esta la mezcló con la sangre de los sacrificados.
Entonces, uno por uno, los jugadores fueron pasando delante de ella mientras les pintaba el símbolo de Kaine.
Un estremecimiento de placer le hizo temblar mientras los dedos de la bruja se clavaban en su pecho.
Pero el autentico placer, llegaría al final del partido si lo ganaban.
El entrenador les prometió que si el resultado era el esperado, se pasarían varias noches bajo el Arca Negra dejándose llevar por la lujuria y la depravación con los heridos del equipo contrario.
El aliciente era mayor cuando se enteró del rival, había torturado todas las razas del Viejo mundo menos los Saurios… chillarían estos seres inferiores como los demás?
Luces que parpadean en los túneles que componen los diferentes pasadizos y secciones de una nave espacial, un ser que se mueve por su interior agazapado y prácticamente reptando mientras se desliza por las paredes y el techo. Es rápido y aunque podría confundirse con una sombra es más bien una pesadilla que intenta cazarte. Todo el mundo que haya leido esto sabe que hablamos de Alien, el xenomorfo que acosa a Ripley a lo largo una de los mejores películas de ciencia-ficción y que salió de la mente de H.R. Giger que nos ha dejado hoy.


En los últimos años he vuelto a retomar el hábito por la lectura, espoleado por la aparición de diversos autores que me han devuelto las ganas de adentrarme en sus mundos de fantasía, mi género literario predilecto. El tratamiento algo más adulto del que estaba acostumbrado, con más claroscuros y menos buenos contra un mal antiguo y todopoderoso que había sido sellado en un pequeño punto del mapa y está resurgiendo, le sienta genial a un género muchas veces cerrado a los planteamientos de los clásicos. De toda esta camada de jugadores de D&D pasados a escritores hay uno en particular que, por sus personajes, me ha conquistado, Joe Abercrombie